Gracias a ti vi la verdadera luz, aquellos días que pasé en tu castillo bajo tu cuidado fueron, sin lugar a dudas, los mejores de toda mi vida. Pero la realidad me sacudió como una maza a un enemigo al salir de tu castillo. En ese mismo momento comprendí lo estúpido de mis actos. Lo acaecido allí dentro era una traición a Torm.
Caminé durante horas sin rumbo fijo, pensé en como había llegado a ese punto y cuales serían las consecuencias. No tenia muy claro qué hacer, ni siquiera tenía claro con quien podía hablar del tema en cuestión. Cuando Torm me llamara a su presencia no tendría nada con lo que excusarme, ya que ninguna excusa sirve para justificar la unión entre un paladín y un vampiro, uno de sus mayores enemigos.
Pero lo hecho, hecho estaba y yo tenía un servicio que hacer, una vez más cogí mi escudo, afilé mi espada y me preparé para la batalla. Apenas pensé en contra de quien me tocaba batallar esta vez, sólo podía pensar en tu hermoso rostro y en lo que Torm me haría cuando se enterara de lo ocurrido.
Un agudo grito me saco de mis pensamientos, el grito de una mujer presumiblemente, venia de más adelante en el camino. Corrí hacia allí tan rápido como pude, haciendo un gran ruido con la armadura. Cuando llegué al pequeño claro en el bosque pude ver a cuatro hombres rodeando a una mujer.
Tres de ellos eran humanos de complexión fuerte y el cuarto era una mole de color verdoso, un semiorco, todos ellos fuertemente armados, ese combate no sería fácil, pero casi di gracias por sacar de mi cabeza los funestos pensamientos que en ella rondaban. Solté mi grito de batalla y cargue contra el enemigo, no necesitaba el factor sorpresa.
Invoqué a Torm y noté como el poder creció en mí, el semiorco mandó a los otros tres en mi contra. El primero apenas pudo levantar la espada antes de que le atravesara la garganta, interpuse mi escudo entre la espada del segundo y gire sobre mi pie para esquivar al tercero, durante el giro dibuje un semicírculo, la cabeza del segundo bandido yacía a mis pies, el tercero viendo como habían acabado sus amigos comenzó a huir; no dio más de dos pasos antes de morir.
Escuché unos aplausos, volví la cabeza y el semiorco sonreía mirando hacia mí. Cogió un enorme martillo a dos manos y cargó. Cuando me golpeó con el martillo puse el escudo en medio, el impacto a poco rompió mi brazo y caí al suelo, aturdido, miré hacia el semiorco y vi que el martillo se alzaba…
lunes 9 de noviembre de 2009
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Siento la tardanza entre post y post, pero ultimamente andava falto de inspiración. Un abrazo.
ResponderSuprimirOhhhhh, pobiño que no puede estar con la vampiresa, pobiño pobiño pobiño...
ResponderSuprimirSnif, snif.
Hale, ahí te dejo repartiendo hostias como panes al señor semiorco ese.
Vengo a dejarte unos premios que puedes recoger en mi blog, puedes retirar uno, dos, tres o todos, como lo desees. Espero que te gusten.
ResponderSuprimirBesitos.
Vuelves a tardar demasiado ¬¬ ¡maldito!
ResponderSuprimirNo quería dejar pasar este día sin pasar a verte para dejarte mis mejores deseos para ti y los tuyos y que en 2010 se hagan realidad todos tus sueños.
ResponderSuprimirFeliz Año Nuevo. Besitos.
Primero pedir perdón por no felicitar el año y no pasarme por los premios que me ofreciste y segundo por lo que tardo en postear nuevas partes, ultimamente estoy muy liado y tengo esto abandonado haber si puedo ponerme un poco mas a ello. Un abrazo
ResponderSuprimir