Si mi final puede llegar a ser sorprendente, más lo es mi nacimiento e infancia, todos tenemos un principio y es por ahí donde seguiré ahora que todos conocéis mi final. Ésta es una historia sin final feliz, una vida llena de contradicciones y penurias, pero no he de ser yo quien lo juzgue, yo sólo lo contaré.Fui fruto de la extraña unión de un dragón plateado y una fiel de Torm. La verdad, no conozco mucho sobre mi madre, sólo sé que murió en el parto y jamás me atreví a preguntarle a mi padre, al parecer le afectaba hablar del tema.
Me educó e instruyo para ser un paladín de Torm, dios al que servía y veneraba, en honor a mi difunta madre. No conocí demasiada gente, la verdad es que lo único que verdaderamente conocía era mi espada, mi escudo y mi armadura, puesto que no necesitaba de más para realizar mi trabajo en esta tierra.
Poco a poco mi padre me comenzó a enseñar los pueblos de alrededor y sus costumbres, puesto que algún día tendría que vivir rodeado de humanos, y el pueblo al que me enviaría cuando estuviera preparado para la verdadera lucha: Assen, un poblado en el que la semilla del mal empezaba a germinar.
El día que cumplí dieciséis años, un dragón rojo atacó la zona en la que vivíamos, lugar que además protegíamos. Mi padre salió al encuentro del dragón prohibiéndome montar sobre él y ayudarlo. La lucha que presencié está grabada a fuego en mi mente: los dos imponentes dragones peleando con garras y dientes para matarse el uno al otro, el fuego y el hielo brotando de sus bocas y sus rugidos de dolor e ira que hacían que hasta las propias montañas se estremecieran.
Ambos cayeron al suelo, la bestia roja muerta y mi padre agonizando. Corrí hacia él con toda la rapidez que mis piernas me dejaban, lo último que me dijo fue: “Sirve y protege a tu Dios hijo mío…” tras lo cual murió. Nunca más celebré la fecha de mi nacimiento, puesto que en ella murieron mis dos progenitores.
Solo, desamparado y sin guía abandoné el cubículo que fue mi hogar y me dirigí hacia Assen, con la esperanza de ser útil allí y poder luchar contra el mal que germinaba en ese pueblo. Sin saber demasiado de la vida y sin saber ni siquiera como relacionarme con la gente, llegué a Assen lleno de esperanza y buenas intenciones…




No tenia idea de que Tyrael fuera un semidragon, claro que coincidimos poco.
ResponderSuprimirSaludos paladín.